Visito bares con aroma a dejadez donde se reune la fauna underground. Conozco gente. Me tomo cañas en conversaciones internacionales. La gente es la misma allá donde no existe las fronteras. Disfruto y pienso. Pienso en cuánto ha cambiado mi vida en un lapso periodo de tiempo. Estoy todavía inmerso en el cambio.
Ocupa mi tiempo mental el pensar sobre ello. Los cambios, el cambio. Plural, singular de una misma idea y percepción. Todo se agolpa en mi parietal, todo se quiere quedar para siempre. Pero la mente es selectiva y de todos estos momentos tan sólo grabaré el concepto general y alguna secuencia particular.
Lástima o alegría, porque el cerebro es sabio y aunque perder el conjunto de segundos completo resulta frustrante, él no es un almacén inagotable y sabe que debe archivar lo imprescindible para seguir guardando momentos y más momentos que tendrán lugar en mi vida.
Sabe más que yo sobre lo que me espera, porque ahora mismo tan sólo soy consciente del corto plazo, del que haré en diez minutos o como máximo, en tres horas.
Sin quererlo, sin pretenderlo, me descubro paladeando el presente. Algo que siempre deseé aprender a hacer. Aprovecharé mientras dure tal efecto.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)