"Hay que ser frío y aplicar la experiencia de lo vivido. Estar tranquilo".
Hace poco uno de los míos me dedicó esta frase. ¿Pero cómo controlar lo que ni siquiera sabes que va a suceder?. Las emociones.
Quien me conozca sabe que soy un dechado de sentimientos. Un ovillo de lana enredado que en ocasiones resulta inteligible y que aparta de mi camino a un montón de personas que no están dispuestas a desenredarlo. Las entiendo.
En ocasiones y cuando me doy cuenta de mi apresurado comportamiento por demostrar mucho en poco tiempo me agobio a mí mismo. Entonces, ¿cómo "pedir" a alguien que tenga la paciencia suficiente de deshacer semejante batiburrillo?.
No suelo ser especialmente soberbio y es más, cada vez que me enmascaro de ello, las situaciones me abofetean para demostrarme que no hay nada más erróneo que ir de listo en esta vida.
Cuando hago balance y pienso que ahora sé mucho más que antes, que soy capaz de tener bajo control una situación, de mostrar que soy una persona madura y evolucionada, me caigo con todo el equipo.
Y es que esos fantasmas a los que tantas veces he hecho referencia, tienen el don de la ubicuidad y aparecer allá donde les es fácil hacer daño. En las distancias cortas.
Es en ellas donde, en función de la confianza que deposite en mís arrobas, salgo airoso cual distinguido caballero tras la batalla ganada, con la cabeza alta sabedor del paso avanzado, o quedo como un pobre hombre sin oficio ni beneficio que no tiene nada más que aportar que sus miedos y vergüenzas.
Magnifico situaciones en las que hablo demasiado queriendo sentir a velocidades inimaginables sin haberr respetado el orden de tiempos necesario para poder establecer ciertas afirmaciones. Y es evidente, eso asusta.
Asusta porque resulta dificilmente imaginable tal sarta de pensamientos sin ni siquiera haber superado ciertos límites interpersonales de obligado peaje para que surja cualquier atisbo de relación entre personas.
Demasiados pájaros en la cabeza y demasiadas prisas de ponerme la tirita antes que la venda para poder refugiarme en la mala suerte cuando las cosas se tuercen a negro.
Al menos hoy me descubro así, pero ¿de qué me sirve saberlo si luego no soy capaz de hacerlo?. No quiero tener prisa. No quiero. Por mí, el primero.
Soy una persona por descubrir que cada día se da cuenta que se equivoca más y más y que espera aprender a mostrarse quien es realmente.
La música me afecta sobremanera. Es mi diosa y ahora escucho Livin´ proof de Bruce Springsteen y hace que el final de estas notas cambie el sentido con el que las empecé.
Por lo tanto me lanzo un último mensaje de esperanza; despacito y buena letra, que sea ahora o no lo sea, es la única forma correcta de moverse por el mundo. Lo voy a intentar, y ya lo consideraré un éxito.
Porque todos tenemos mucho más por ofrecer cuando nos valoramos que cuando nos creemos el patito feo de la película.
lunes, 12 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)