Visito bares con aroma a dejadez donde se reune la fauna underground. Conozco gente. Me tomo cañas en conversaciones internacionales. La gente es la misma allá donde no existe las fronteras. Disfruto y pienso. Pienso en cuánto ha cambiado mi vida en un lapso periodo de tiempo. Estoy todavía inmerso en el cambio.
Ocupa mi tiempo mental el pensar sobre ello. Los cambios, el cambio. Plural, singular de una misma idea y percepción. Todo se agolpa en mi parietal, todo se quiere quedar para siempre. Pero la mente es selectiva y de todos estos momentos tan sólo grabaré el concepto general y alguna secuencia particular.
Lástima o alegría, porque el cerebro es sabio y aunque perder el conjunto de segundos completo resulta frustrante, él no es un almacén inagotable y sabe que debe archivar lo imprescindible para seguir guardando momentos y más momentos que tendrán lugar en mi vida.
Sabe más que yo sobre lo que me espera, porque ahora mismo tan sólo soy consciente del corto plazo, del que haré en diez minutos o como máximo, en tres horas.
Sin quererlo, sin pretenderlo, me descubro paladeando el presente. Algo que siempre deseé aprender a hacer. Aprovecharé mientras dure tal efecto.
miércoles, 6 de mayo de 2009
sábado, 2 de mayo de 2009
Adelante pese a todo
Vuelvo a casa y disfruto de todo de lo que decidí separarme hace ya tres meses. La elección que tomé me aporta todo lo que realmente buscaba. Disfruto de mi plenitud como persona en soledad en una de las ciudades más grandes de todas las que habitan la tierra.
Pero no todo es bonito e idílico. El dolor coexiste con la felicidad allá donde mi mente se percata de lo abandonado.
Llego a la que siempre ha sido y será mi casa rondando las 6 a.m meditabundo. Entro en la cocina, en la misma en la que he desayunado, comido, cenado, reído y disfrutado tantas veces y no puedo evitar el ataque de nostalgia que proporciona el apreciar que las cosas ya no son las mismas. Era lo que buscaba, pero nadie dijo que avanzar en la vida, aunque sea por la opción elegida, fuese fácil.
Trato de superar un nuevo golpe a mi reblandecido corazón y eso acarrea buenos y malos días. y es en los últimos cuando la debilidad me aflige y me sume en un entorno de color a derrota. Esta vez, mis armas para defenderme del ataque son otras, más elaboradas y modernas, moldeadas por un tiempo y unas experiencias que dejaron huella, y por el momento las batallas perdidas no me dejan tullido. Resisto.
Sin embargo, cuando estos días se unen en conjura uno tras otro, no puedo sino plantearme si seré capaz de soportar tal asedio, si seré lo suficientemente fuerte para derrotar al invasor, a ese invasor que soy yo mismo con el ejercito de miedos y angustias atacándome para lograr la victoria final en esta guerra y teñir de una vez por todas de negro mi existencia.
Después de tanta chorrada bélica, lo que quiero decir es sincero: echo de menos tiempos pasados, pero tengo la ilusión enorme del qué vendrá y en esa eterna lucha por avanzar me planteo que es normal tener miedo de lo desconocido e intentar retomar una vida anterior, lo fácil, lo cómodo. Mas sé que, en el fondo, debo mirar adelante y poner un valiente paso tras otro hacia la meta a la que algún día espero saber que he llegado y que lo vivido y la gente que quiero siempre estará ahí conmigo, esté donde esté.
Pero no todo es bonito e idílico. El dolor coexiste con la felicidad allá donde mi mente se percata de lo abandonado.
Llego a la que siempre ha sido y será mi casa rondando las 6 a.m meditabundo. Entro en la cocina, en la misma en la que he desayunado, comido, cenado, reído y disfrutado tantas veces y no puedo evitar el ataque de nostalgia que proporciona el apreciar que las cosas ya no son las mismas. Era lo que buscaba, pero nadie dijo que avanzar en la vida, aunque sea por la opción elegida, fuese fácil.
Trato de superar un nuevo golpe a mi reblandecido corazón y eso acarrea buenos y malos días. y es en los últimos cuando la debilidad me aflige y me sume en un entorno de color a derrota. Esta vez, mis armas para defenderme del ataque son otras, más elaboradas y modernas, moldeadas por un tiempo y unas experiencias que dejaron huella, y por el momento las batallas perdidas no me dejan tullido. Resisto.
Sin embargo, cuando estos días se unen en conjura uno tras otro, no puedo sino plantearme si seré capaz de soportar tal asedio, si seré lo suficientemente fuerte para derrotar al invasor, a ese invasor que soy yo mismo con el ejercito de miedos y angustias atacándome para lograr la victoria final en esta guerra y teñir de una vez por todas de negro mi existencia.
Después de tanta chorrada bélica, lo que quiero decir es sincero: echo de menos tiempos pasados, pero tengo la ilusión enorme del qué vendrá y en esa eterna lucha por avanzar me planteo que es normal tener miedo de lo desconocido e intentar retomar una vida anterior, lo fácil, lo cómodo. Mas sé que, en el fondo, debo mirar adelante y poner un valiente paso tras otro hacia la meta a la que algún día espero saber que he llegado y que lo vivido y la gente que quiero siempre estará ahí conmigo, esté donde esté.
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