sábado, 20 de diciembre de 2008

El retrato de los estrágos

Hoy debería ser un día de felicidad plena....cumplo un añazo con la persona que ha quitado el polvo a mi oxidado mecanismo de bombear sangre. La amo y me alegra sentir su importante peso en mi vida.

Le he dado un rol de actriz principal y me está demostrando con creces que tiene todas las tablas necesarias para cumplir con dicho papel.

Pero hay situaciones que son insostenibles y que con el paso del tiempo no hacen si no agravarse. No sé y no puedo extrapolarme de lo que me rodea y sobre todo cuando lo que me rodea son ellos.

Una vez más, ¿cuantas ya?. Disgustos, penas, gritos y tristeza. Replanteamiento de situaciones que nunca fueron posibles y pasos que cuesta imaginar por qué, cuándo y cómo se dieron. El tiempo y las situaciones personales han desembocado en un caudal incontenible de falta de respeto. Ni siquiera queda ya lo muchas veces demandado. Ojalá ese caudal tornase en riachuelo o bien desbordase finalmente, ya me da igual.

Otra y otra y otra y otra....Impotencia, desasosiego, rabia, dolor. Que duro es, que difícil. La condena no ha sido benévola con ninguno de los dos, pero siempre hay alguien que pierde más, y siempre es el mismo.

¿Qué puedo hacer?, muchas veces ya ni me lo planteo. Cansancio y hartazgo de una historia de dos que debió tocar a su fin hace mucho, porque hasta en las mejores películas, libros y todo aquello que tenga un principio y un final, si uno se ofusca en alargar los términos del contrato, si pretende estirar la goma que no da más de sí, el desenlace obtenido dista mucho del que hubiese sido ideal.

Sólo cuando salgo me olvido, y a veces tampoco lo consigo.