Eran las nueve y cuarto de la noche cuando se me ocurrió la gran idea de sorprenderla. Me dije, esta vez no voy a ir echo un gualtrapillas. Y así, y con ese objetivo, me puse una camisa blanca, americana negra y unos pantalones vaqueros de corte moderno que venían a completar un muy buen atuendo para la ocasión.
Esta vez se quedaría boquiabierta, estaba claro. Pero al llegar al punto de reunión, sucedió lo que pasa en la naturaleza a diario.....el cazador cazado.
A su seductor cuerpo se adhería como una segunda piel un precioso vestido estampado (ya son fechas para lucir palmito!) que hacía, si es posible, aún más sugerente el regalo que cubría...Una vez más, pero feliz, muy feliz, me tuve que rendir a la evidencia; ¡a la suerte que tengo de estar con una hermosura de tal calibre!
Estaba radiante y la verdad que en conjunto, parecíamos recién salidos de una nueva boda.
Para adornar semejante noche con un plan romántico fuimos a cenar (¡lo sé, nada original, pero a veces la originalidad sobra para dar paso a planes que siempre han estado genial y siempre estarán!). Siendo como somos de gustos humildes (a la fuerza ahorcan! ejem...) decidimos que el Guria o el Zortxiko eran excesivos, y dimos rienda suelta a una opulenta comida en una cervecería céntrica de Bilbao.
No falto la buena cerveza para regar un buena cena y "de postre" ....¡codillo!. Nah, caviar ni nah, codillo que es mucho más castizo (¡¡donde va a parar!!).
Tras la cena, poco más. La "mala suerte" de tener que trabajar al día siguiente en una boda (esta vez no ficticia) obligo a posponer mayores celebraciones.
Hoy, al día siguiente, con todavía gran parte del codillo por digerir, y el resto saliéndome por la garganta (que visión más atroz), ¡¡me siento más enamorado que nunca!!. Al fin y al cabo, ¡no todos los días se cumplen 6 meses!
¡Por todas las celebraciones que nos quedan por delante!
¡TE AMO AMAIA!
sábado, 21 de junio de 2008
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