lunes, 11 de febrero de 2008

Si yo fuera mujer

A veces la distancia es positiva para plantearte el enfoque de la vida, para sopesar en una balanza decisiones o para intentar comprender las constantes de tu corazón.

En estos últimos días estoy volviendo a pasar mucho tiempo conmigo mismo, pero de manera diferente a como lo hacía hace un par de meses escasos. Cúanto puede cambiar la situación de las personas en tan breve lapso de tiempo.

Ahora me comparto de otra forma, respiro tranquilo. Esa tranquilidad emocional que antes tanto demandaba y que tanto busqué sin hallar. Mirar por la ventana como se esfuman los pensamientos lúgubres y disfrutar de la sensación de respirar por respirar, hondo y despacio, como si el aire tuviera el sabor de los mejores manjares del mundo....paz y sosiego en estado puro.

Curiosa la vida y curiosos nosotros, y mientras menciono estas palabras presento un esbozo de sonrisa admitiendo mi ingenuidad ante la sucesión de ciertos acontecimientos.

No sé quién es el pequeño bastardo que osó ser el primero en pronunciar cierta frase que todos conocemos; "cuando menos te lo esperas, te llegará". Maldita y cierta a la vez.

Fui el afortunado de hacerla realidad en el mes de diciembre. Ella me vió con unos ojos que me devolvieron forma humana. Ella es la razón de mi cara de tonto por las mañanas (¡más de lo habitual!) y con ella me quiero imaginar.

Lástima que nadie pueda jurar que algo será para siempre, pero mirado de otra forma, quizás si fuera así tampoco tendría la gracia que tiene (a veces, maldita la gracia), así que lo único que uno puede pedir es ser lo suficiente consciente como para paladear cada segundo a su lado e intentar que ella se sumerja en mí. Así me lo he propuesto.

No voy a compartir a vox populi todas las razones y sinrazones que me han llevado a desear ver esos ojos despertar a mi lado todos los días. Es tan difícil enumerar las virtudes que configuran el amor, porque son tan subjetivas, porque son de cada uno...atracción, admiración, respeto, empatía, inteligencia, conversación, humor, sensibilidad, femineidad, y tantas otras que uno pone en su lista de deseos para definir esa mujer que anhela...

Me permitiré el lujo de ser lo suficientemente egoísta como para quedármelas todas para hacerselas saber tan sólo a ella, a la que se lo merece.

Lo que sí tengo la necesidad de gritar a los cuatro vientos es que vuelvo a sentir, y de una manera que apenas recordaba. Y eso vale por cualquier conjunto de palabras que intente dar significado a lo que no puedo expresar.

Estoy tan orgulloso de estar a su lado, que si yo fuera mujer me gustaría ser como ella.