Me ha vuelto a suceder. Hacía tiempo que no pasaba y hoy sin mediar aviso, de nuevo esa sensación.
La capacidad de abandonar mi cuerpo por unos instantes e intentar mirar por encima de todos y de todo...perderme en el horizonte de pensamientos mezcla de recuerdos y sinsabores, con anhelos y esperanzas. Sabor confuso que no entiendo a disfrutar plenamente.
Es este tiempo....este maldito tiempo que tanto me gusta. Día en calma chicha, esperando a que adornen la noche negros nubarrones cargados de amenazante lluvia. La calma antes de la tempestad.
Sé por qué adoro estos instantes...por su ambiente extraño y fuera de lugar que atrae hacia mí miles de pensamientos melancólicos, alimentando a la bestia que anida bajo mi cabellera.
Recuerdos de esos momentos en los que un día, y varios después, soñé en desaparecer. En aquellos que disfruté elucubrando que nadie me extrañaría, en desvanecerme sin hacer ruido de una vez y por todas. Pasar desapercibido, condición siempre negada por mi naturaleza de bufón reflexivo.
No me duelen, no me hacen mal. Quizás porque me acostumbré a ellos, quizás porque los necesita una parte de mí para no transformarme en un bobo de sonrisa perenne. Regocijo del pensamiento mortificador.
Aún así, hoy no les dejo. Hoy por hoy, no tienen cabida en mí.
En mi camino hacia mi vida, mi felicidad, me estorban y pese a que nos volveremos a encontrar casi con total seguridad, no les temo. Me sentaré a una mesa con ellos y les haré saber que mis argumentos para no permitirles mi sobrecogimiento son sólidos.
miércoles, 9 de enero de 2008
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