viernes, 28 de diciembre de 2007

Los caparazones no se hicieron para el ser humano

Con tus dedos tocando piezas audibles para corazones sinceros,
me despojo prenda a prenda de un disfraz de hedor rancio.

Mi desnudez me sonroja y aterra a partes iguales.
Ser visto a plena luz, sin maquillaje con que camuflar mis emociones.

Quizás deba lavar mi cara para orgulloso poder asumir
que el paso del tiempo ha moldeado un rostro sincero.

La suerte de encontrar unos ojos deseosos de ver y ser vistos,
capaces de capturar formas y colores que se escapan ante la mayoría,
me llama a su encuentro.

Disfrutar por conocer lo prohibido que es sentir sin vergüenza
a perder lo que no se puede tocar.

Jamás pequé de poeta porque asumí para mí
una y mil limitaciones ante dicho papel.

Mi mayor pecado fue estar atrapado bajo un caparazón cerrado.