El vaivén de las olas jadea sus nombres.
Música para cuerpos desnudos que se
tornan uno hasta la llegada del amanecer.
El sangre y ella piel, comparten deseo en
la isla del destierro.
Nadie jamás sabrá de la pasión, si en forma
alguna no supo darse al instinto virginal
de ser animal con animal.
martes, 20 de noviembre de 2007
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