Debo leer en los demás para recordar lo que una vez fue para mí el amor. Triste mi alma, y triste mi corazón que anhela volver a latir, pero que se le olvidó cómo hacerlo.
Demasiadas heridas cicatrizadas, ocultan los pocos pedazos de piel virginal que me quedan por marcar. Me falta el aire tras las paredes del castillo en el que me refugio. Este día acompaña el son de mis pensamientos más lúgubres. Me siento a varios metros de profundidad de la realidad que me rodea.
Conjunto de frase inconexas que dibujan mi padecer.
Todo me parece vano porque tan sólo una vez en mi vida me sentí completo. Todas las piezas de mi puzzle encajaban como por arte de magia, cómo si en ese teatro de sueños que es la vida según Miguel de Unamuno, el director me hubiese otorgado el papel principal de una obra llena de gozo. Llenamos la mochila de nuestra vida en común con planes felices y bonitos sueños.
Pero todo se desvaneció como castillos en el aire. Por tantos motivos....suyos, míos... de los dos. Vivo en sombras de lo que fue una vez mi felicidad. Pensé tantas veces y otras tantas no pensé, que sería capaz de volver a amar. Durante este tiempo, en contadas ocasiones creí de nuevo que poseía ese sentimiento dichoso. Ahora ya se lo que fui, un iluso. Un mago que supo engañarse a sí mismo.
Cada día me encuentro más cansado. Aburrido. Ya no quiero luchar más. Siento que las fuerzas abandonan mi cuerpo, y yo tan sólo quiero descansar, no pensar. Me suelto para hundirme en la soledad, donde quizás este mi verdadera felicidad...quizás...quizás. Me despido de una parte muy importante de mi ser. Ya no volcaré más de mi en nadie de esa forma.
Mientras escribo esto, de mis ojos brotan regueros de lágrimas. Provienen de mi yo enamorado. Sabe que se acerca al patíbulo y clama por no ser cercenado. Llora por no ser olvidado. Pero es necesario. Es más sabio sacrificar una parte por el todo.
Me tiembla el pulso. Reflexiono. Llega el indulto. No se lo merece, pero le necesito para no morir en vida. Recibirá un justo castigo; cadena perpetua en una sórdida celda perdida en algún lugar de mi alma, donde nunca más pueda oír sus cantos de sirena.
La decisión es firme. Mi transformación ...también. Seré piedra.
viernes, 5 de octubre de 2007
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