miércoles, 19 de septiembre de 2007

Viejas cicatrices

Como aquellos rudos piratas del XIX, que exhibían con orgullo cicatrices de batallas pasadas, los seres humanos avanzamos en la vida a golpe de experiencias.

Cuanta inocencia perdida en el camino de esta singladura a veces tan larga, a veces tan corta. Cuanto sufrimiento derrochado en forma de cristales de agua pura a través de esos ojos que vieron cosas que mas de una vez les hicieron desear ser ciegos, inservibles, para no padecer. Cuantos sentimientos que en su día afloraban a modo de soga en nuestras gargantas. Cuantas úlceras de indefensión ante las injusticias sufridas. Cuantos nudillos desgastados en golpear muros invisibles (y no tan invisibles)...

Experiencias, vivencias, situaciones, adversidades, sin fin de sinónimos de causas por las que sufrir. Túnel oscuro y tenebroso que se llama aprendizaje. Sabiduría igual a luz ("Alegoría de la caverna", Platón).

El problema es que dicen que el hombre (como género) no cesa nunca de aprender, siempre esta pasando páginas del "best seller" vida. Y yo digo; "pues vaya putada", porque como bien sabemos, la mejor manera de ilustrarse es a golpes, y cuanto más fuertes, ¡mejor!.

Menos mal que al igual que aquellos valientes del mar, también pasamos largos tiempos en tierra, donde los peligros de los océanos no nos pueden hacer daño.

La vida es aquella profesora severa pero amante, que te daba cuartelillo entre lección y lección, para que disfrutases un poco de la gente que te rodeaba y aprovechar para ser feliz.

Y por ello brindo yo, por la felicidad y porque seamos capaces de vivirla intensamente hasta que nos toque volver a estudiar. ¡Levanto mi copa por la vida!