No es que el título sea original pero desde luego que cumple su función de entender las líneas que van a venir a continuación con tan sólo dos palabras.
Cada vez me siento más identificado con la figura mitológica del Ave Phoenix, aquella que renació de sus cenizas.
Bajo mi interpretación, renacer equivale en muchos aspectos a reinventarse, y como buen amante de los cambios y las novedades, considero que debo "volver a nacer" en otra parte de esta basta galaxia que es internet, bajo otro pseudónimo, bajo otro disfraz.
Este blog ha perdido el significado que le dió origen hace ya algún tiempo al coartarme la capacidad de escritura el hecho de pensar que lo pueden leer demasiadas personas, y de las pocas cosas privadas que tiene uno (sus pensamientos)se deben preservar en lugar más seguro y cálido, donde vuelva a sentirme yo mismo, donde volver a renacer.
Han sido prácticamente tres años de relatos de diversa índole, siempre con marcado cariz personal. Páginas enteras de vivencias, de opiniones y de inspiraciones que concluyen bajo esta forma hoy.
Me da muchísima pena porque no volverá a ser lo mismo, no se volverá a llamar Mamimeconmigo, no tendrá como entrada las frases más increibles del cine de ciencia ficción y perderé comentarios hechos por gente que jamás volveré a tener en mi vida.
Pero los cambios son eso; cambios. Y lo que me depare el futuro está por ver, porque el pasado ya sé lo que fué. Ahora toca mirar hacia delante, una vez más.
Gracias por todo, gracias a todos.
Nos vemos a la vuelta de la esquina.
sábado, 22 de mayo de 2010
jueves, 10 de diciembre de 2009
Premoniciones desde el pasado
Han pasado más de dos años desde que empecé a utilizar este lugar como confesionario y es bonito reconocerse en las letras que en tan
distintos momentos compartí.
Me he repasado de la A a la Z todo lo plasmado volviendo a reir, a pensar, a soñar…Porque la vida es un ciclo y cada vez tengo más claro
que hay momentos de la vida que se repiten y personas que se parecen muchísimo y se comportan muy parecido a otras que antes conocí…
Y tras hacer esto, el balance que extraigo, porque siempre es necesario darle una vuelta a las retrospecciones, es que me doy cuenta que en mi afán de primar cierta faceta de la vida por encima de las otras no he sido justo.
Porque si en mis escritos me basase, hay más miserias que alegrías, pero es que siempre fue más fácil escribir desde el sufrimiento que desde la felicidad, y más siendo de personalidad melancólica con cierta devoción por la autoflagelación (que poco a poco intento corregir…la medicina es ser consciente de mis errores pero también de mis aciertos, valorarme más porque me lo merezco).
Si una vez más la ceguera se apoderase de mí, el resumen diría que soy dos años y medio mayor y sin embargo la situación que entonces vivía es la misma en la que me encuentro ahora y que ha sido más habitual que la contraria en el computo global de mi vida. Por diversas razones,justas o injustas para conmigo mismo, pero así es.
Pero, volvería a errar, y hoy, no sé muy bien a santo de qué, me apetece ser objetivo, me apetece darme cuartelillo, me apetece hacer una valoración noble.
En este tiempo transcurrido y vivido, y por lo tanto disfrutado, ha habido de todo, pero lo ponderable es que ha sido algo más positivo que negativo, digamos que si de porcentajes hablásemos sería un 60%-40%.
Al igual que todos, he ido alternado errores (algunos inconscientes, otros no tanto) y aciertos, y la situación actual me dice que no lo he hecho tan mal, que una palmadita en la espalda de vez en cuando viene bien por el trabajo bien hecho y que nos merecemos ese afecto hacia nosotros mismos, mucho más de lo que creemos.
No he logrado ningún objetivo absoluto, y no creo que jamás lo logre, pero tampoco pienso que la vida consista en eso. Que lo realmente importante es intentarlo y que en ese esfuerzo por alcanzarlo, estará la recompensa, la mayoría de las veces sin que seamos conscientes de ello (cuanta importancia le doy a la consciencia y a su inversa….).
Lo que ahora me doy cuenta es que cada vez se me van antes de la cabeza los pensamientos del tipo “y si hubiese actuado así o asá….”, y me hace feliz, porque el intentar pensar en haber cambiado algo de lo que ya ha pasado es un intento estúpido y doloroso que hay que evitar que se prolongue por mucho tiempo en la cabeza de nadie, por temor al dolor que ese tipo de elucubraciones son capaces de causar.
Ya me como bastante la cabeza, por lo que todo lo que sea aligerar equipaje lo tomaré como un pequeño éxito.
No sé por cuanto más alargaré la dulce penitencia de la escritura en este lugar, pero que el tiempo que ello implique al menos me sirva para seguir aprendiendo.
distintos momentos compartí.
Me he repasado de la A a la Z todo lo plasmado volviendo a reir, a pensar, a soñar…Porque la vida es un ciclo y cada vez tengo más claro
que hay momentos de la vida que se repiten y personas que se parecen muchísimo y se comportan muy parecido a otras que antes conocí…
Y tras hacer esto, el balance que extraigo, porque siempre es necesario darle una vuelta a las retrospecciones, es que me doy cuenta que en mi afán de primar cierta faceta de la vida por encima de las otras no he sido justo.
Porque si en mis escritos me basase, hay más miserias que alegrías, pero es que siempre fue más fácil escribir desde el sufrimiento que desde la felicidad, y más siendo de personalidad melancólica con cierta devoción por la autoflagelación (que poco a poco intento corregir…la medicina es ser consciente de mis errores pero también de mis aciertos, valorarme más porque me lo merezco).
Si una vez más la ceguera se apoderase de mí, el resumen diría que soy dos años y medio mayor y sin embargo la situación que entonces vivía es la misma en la que me encuentro ahora y que ha sido más habitual que la contraria en el computo global de mi vida. Por diversas razones,justas o injustas para conmigo mismo, pero así es.
Pero, volvería a errar, y hoy, no sé muy bien a santo de qué, me apetece ser objetivo, me apetece darme cuartelillo, me apetece hacer una valoración noble.
En este tiempo transcurrido y vivido, y por lo tanto disfrutado, ha habido de todo, pero lo ponderable es que ha sido algo más positivo que negativo, digamos que si de porcentajes hablásemos sería un 60%-40%.
Al igual que todos, he ido alternado errores (algunos inconscientes, otros no tanto) y aciertos, y la situación actual me dice que no lo he hecho tan mal, que una palmadita en la espalda de vez en cuando viene bien por el trabajo bien hecho y que nos merecemos ese afecto hacia nosotros mismos, mucho más de lo que creemos.
No he logrado ningún objetivo absoluto, y no creo que jamás lo logre, pero tampoco pienso que la vida consista en eso. Que lo realmente importante es intentarlo y que en ese esfuerzo por alcanzarlo, estará la recompensa, la mayoría de las veces sin que seamos conscientes de ello (cuanta importancia le doy a la consciencia y a su inversa….).
Lo que ahora me doy cuenta es que cada vez se me van antes de la cabeza los pensamientos del tipo “y si hubiese actuado así o asá….”, y me hace feliz, porque el intentar pensar en haber cambiado algo de lo que ya ha pasado es un intento estúpido y doloroso que hay que evitar que se prolongue por mucho tiempo en la cabeza de nadie, por temor al dolor que ese tipo de elucubraciones son capaces de causar.
Ya me como bastante la cabeza, por lo que todo lo que sea aligerar equipaje lo tomaré como un pequeño éxito.
No sé por cuanto más alargaré la dulce penitencia de la escritura en este lugar, pero que el tiempo que ello implique al menos me sirva para seguir aprendiendo.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Sueños de unas noches de otoño
Noches húmedas grabadas a fuego entre mis sabanas,
Sutileza perceptible de unas manos sabias que
Adaptan mis contornos moldeándome hacia la perdición
De unos labios lujuriosos que me obsesionan en su ausencia.
Sabedora de mis debilidades aprendidas a lo largo de varias vidas
Mis pupilas se dilatan y mi boca intenta exhalar lapsos de respiración
Imperceptibles que interpreten placeres que jamás experimenté
Diosa de mi cuerpo que sabe someter a su voluntad.
Sentirla, tocarla, disfrutarla es el mayor de mis anhelos
no pensar en otra cosa día tras día, la droga más adictiva
disfrazada de mujer mitad demonio mitad angel que ocupa mi razón.
Ven, vuelve otra vez, porque tan solo vivo cuando me rondas.
Sutileza perceptible de unas manos sabias que
Adaptan mis contornos moldeándome hacia la perdición
De unos labios lujuriosos que me obsesionan en su ausencia.
Sabedora de mis debilidades aprendidas a lo largo de varias vidas
Mis pupilas se dilatan y mi boca intenta exhalar lapsos de respiración
Imperceptibles que interpreten placeres que jamás experimenté
Diosa de mi cuerpo que sabe someter a su voluntad.
Sentirla, tocarla, disfrutarla es el mayor de mis anhelos
no pensar en otra cosa día tras día, la droga más adictiva
disfrazada de mujer mitad demonio mitad angel que ocupa mi razón.
Ven, vuelve otra vez, porque tan solo vivo cuando me rondas.
lunes, 12 de octubre de 2009
Control emocional
"Hay que ser frío y aplicar la experiencia de lo vivido. Estar tranquilo".
Hace poco uno de los míos me dedicó esta frase. ¿Pero cómo controlar lo que ni siquiera sabes que va a suceder?. Las emociones.
Quien me conozca sabe que soy un dechado de sentimientos. Un ovillo de lana enredado que en ocasiones resulta inteligible y que aparta de mi camino a un montón de personas que no están dispuestas a desenredarlo. Las entiendo.
En ocasiones y cuando me doy cuenta de mi apresurado comportamiento por demostrar mucho en poco tiempo me agobio a mí mismo. Entonces, ¿cómo "pedir" a alguien que tenga la paciencia suficiente de deshacer semejante batiburrillo?.
No suelo ser especialmente soberbio y es más, cada vez que me enmascaro de ello, las situaciones me abofetean para demostrarme que no hay nada más erróneo que ir de listo en esta vida.
Cuando hago balance y pienso que ahora sé mucho más que antes, que soy capaz de tener bajo control una situación, de mostrar que soy una persona madura y evolucionada, me caigo con todo el equipo.
Y es que esos fantasmas a los que tantas veces he hecho referencia, tienen el don de la ubicuidad y aparecer allá donde les es fácil hacer daño. En las distancias cortas.
Es en ellas donde, en función de la confianza que deposite en mís arrobas, salgo airoso cual distinguido caballero tras la batalla ganada, con la cabeza alta sabedor del paso avanzado, o quedo como un pobre hombre sin oficio ni beneficio que no tiene nada más que aportar que sus miedos y vergüenzas.
Magnifico situaciones en las que hablo demasiado queriendo sentir a velocidades inimaginables sin haberr respetado el orden de tiempos necesario para poder establecer ciertas afirmaciones. Y es evidente, eso asusta.
Asusta porque resulta dificilmente imaginable tal sarta de pensamientos sin ni siquiera haber superado ciertos límites interpersonales de obligado peaje para que surja cualquier atisbo de relación entre personas.
Demasiados pájaros en la cabeza y demasiadas prisas de ponerme la tirita antes que la venda para poder refugiarme en la mala suerte cuando las cosas se tuercen a negro.
Al menos hoy me descubro así, pero ¿de qué me sirve saberlo si luego no soy capaz de hacerlo?. No quiero tener prisa. No quiero. Por mí, el primero.
Soy una persona por descubrir que cada día se da cuenta que se equivoca más y más y que espera aprender a mostrarse quien es realmente.
La música me afecta sobremanera. Es mi diosa y ahora escucho Livin´ proof de Bruce Springsteen y hace que el final de estas notas cambie el sentido con el que las empecé.
Por lo tanto me lanzo un último mensaje de esperanza; despacito y buena letra, que sea ahora o no lo sea, es la única forma correcta de moverse por el mundo. Lo voy a intentar, y ya lo consideraré un éxito.
Porque todos tenemos mucho más por ofrecer cuando nos valoramos que cuando nos creemos el patito feo de la película.
Hace poco uno de los míos me dedicó esta frase. ¿Pero cómo controlar lo que ni siquiera sabes que va a suceder?. Las emociones.
Quien me conozca sabe que soy un dechado de sentimientos. Un ovillo de lana enredado que en ocasiones resulta inteligible y que aparta de mi camino a un montón de personas que no están dispuestas a desenredarlo. Las entiendo.
En ocasiones y cuando me doy cuenta de mi apresurado comportamiento por demostrar mucho en poco tiempo me agobio a mí mismo. Entonces, ¿cómo "pedir" a alguien que tenga la paciencia suficiente de deshacer semejante batiburrillo?.
No suelo ser especialmente soberbio y es más, cada vez que me enmascaro de ello, las situaciones me abofetean para demostrarme que no hay nada más erróneo que ir de listo en esta vida.
Cuando hago balance y pienso que ahora sé mucho más que antes, que soy capaz de tener bajo control una situación, de mostrar que soy una persona madura y evolucionada, me caigo con todo el equipo.
Y es que esos fantasmas a los que tantas veces he hecho referencia, tienen el don de la ubicuidad y aparecer allá donde les es fácil hacer daño. En las distancias cortas.
Es en ellas donde, en función de la confianza que deposite en mís arrobas, salgo airoso cual distinguido caballero tras la batalla ganada, con la cabeza alta sabedor del paso avanzado, o quedo como un pobre hombre sin oficio ni beneficio que no tiene nada más que aportar que sus miedos y vergüenzas.
Magnifico situaciones en las que hablo demasiado queriendo sentir a velocidades inimaginables sin haberr respetado el orden de tiempos necesario para poder establecer ciertas afirmaciones. Y es evidente, eso asusta.
Asusta porque resulta dificilmente imaginable tal sarta de pensamientos sin ni siquiera haber superado ciertos límites interpersonales de obligado peaje para que surja cualquier atisbo de relación entre personas.
Demasiados pájaros en la cabeza y demasiadas prisas de ponerme la tirita antes que la venda para poder refugiarme en la mala suerte cuando las cosas se tuercen a negro.
Al menos hoy me descubro así, pero ¿de qué me sirve saberlo si luego no soy capaz de hacerlo?. No quiero tener prisa. No quiero. Por mí, el primero.
Soy una persona por descubrir que cada día se da cuenta que se equivoca más y más y que espera aprender a mostrarse quien es realmente.
La música me afecta sobremanera. Es mi diosa y ahora escucho Livin´ proof de Bruce Springsteen y hace que el final de estas notas cambie el sentido con el que las empecé.
Por lo tanto me lanzo un último mensaje de esperanza; despacito y buena letra, que sea ahora o no lo sea, es la única forma correcta de moverse por el mundo. Lo voy a intentar, y ya lo consideraré un éxito.
Porque todos tenemos mucho más por ofrecer cuando nos valoramos que cuando nos creemos el patito feo de la película.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Te lo juro que ayer pasé por aquí y estaba
Estoy inquieto....primero miro hacia un lado, luego miro hacia otro, cojo retazos del pasado, los mezclo con sueños de futuro...nada, que no me centro. Presente, presente, presente, ¿presente?.
Buf, que cacao mental...y el caso es que no sé porqué...debe ser uno de esos días en los que la mitad inconsciente del cerebro tiene ganas de incordiar a la mitad consciente. Sí, eso debe ser.
Juega conmigo y se divierte. Creo que llega a disfrutar. Ya ajustaremos cuentas ya.
Pero mientras, aquí sigo. Pendiente de qué será lo siguiente que escriba, lo próximo que a mis dedos les de por teclear. Qué raro es todo. Pero, ¿qué puedo hacer?. Decir sin decir, por el mero hecho de escribir.
Es como si algo quisiese salir de mí y no encontrase la salida....como Roberto, el pez de la campaña de cerveza Mixta.
O quizás soy yo el que pretende salir. Quizás soy yo el que está encerrado. Qué fácil es darle la vuelta a la situación....¿qué es real?...escribo yo, lo hace él, somos lo mismo, no lo somos...
Buf, qué cacao mental! Lo dejo mientras me lo pienso....¿sabrá en qué pienso cuando pienso? o soy yo el que no sabe que está pensando lo que el quiere que piense....
Buf, que cacao mental...y el caso es que no sé porqué...debe ser uno de esos días en los que la mitad inconsciente del cerebro tiene ganas de incordiar a la mitad consciente. Sí, eso debe ser.
Juega conmigo y se divierte. Creo que llega a disfrutar. Ya ajustaremos cuentas ya.
Pero mientras, aquí sigo. Pendiente de qué será lo siguiente que escriba, lo próximo que a mis dedos les de por teclear. Qué raro es todo. Pero, ¿qué puedo hacer?. Decir sin decir, por el mero hecho de escribir.
Es como si algo quisiese salir de mí y no encontrase la salida....como Roberto, el pez de la campaña de cerveza Mixta.
O quizás soy yo el que pretende salir. Quizás soy yo el que está encerrado. Qué fácil es darle la vuelta a la situación....¿qué es real?...escribo yo, lo hace él, somos lo mismo, no lo somos...
Buf, qué cacao mental! Lo dejo mientras me lo pienso....¿sabrá en qué pienso cuando pienso? o soy yo el que no sabe que está pensando lo que el quiere que piense....
martes, 22 de septiembre de 2009
Parte del paciente
Dolencias; A su llegada presentaba claros síntomas de falta de adaptación a una ciudad completamente nueva, enfados constantes con aquel entorno y echando de menos todo lo bueno que hay en su vida; su familia y amigos.
Diagnóstico; Tiempo y pensamientos claros que ayudasen al paciente a sobreponerse de las diferentes dolencias por las que ha ido pasando (dolor, ira, tristeza, aburrimiento, deslocalización...) y que son comunes a la mayoría de los mortales.
Balance; Positivo. Tras casi 8 meses y medio como ciudadano de Sin City, el paciente muestra claras mejorías en varios aspectos que se hacen saber a continuación;
- Síntomas de controlar "su" vida
- Reconocimiento claro del entorno en el que está
- Deseos de vivir intensamente y de aprovechar la aventura al máximo
- Olvido de situaciones que provocaron dolor
- Motivación por lo que le depara el presente y el futuro
- Anhelos de una vida plena
Sin embargo, hay un síntoma que no termina de avanzar y que dudo que alguna vez lo quiera superar; las ganas de dividirse para seguir disfrutando de todo lo bueno de su actualidad y de lo más importante que es lo que le espera en su casa de toda la vida.
Acciones a realizar; Reciba el alta y un grato saludo de parte de su médico de cabecera, la vida. Hasta que volvamos a vernos, ¡¡disfrute y ría todo lo que pueda!!
Diagnóstico; Tiempo y pensamientos claros que ayudasen al paciente a sobreponerse de las diferentes dolencias por las que ha ido pasando (dolor, ira, tristeza, aburrimiento, deslocalización...) y que son comunes a la mayoría de los mortales.
Balance; Positivo. Tras casi 8 meses y medio como ciudadano de Sin City, el paciente muestra claras mejorías en varios aspectos que se hacen saber a continuación;
- Síntomas de controlar "su" vida
- Reconocimiento claro del entorno en el que está
- Deseos de vivir intensamente y de aprovechar la aventura al máximo
- Olvido de situaciones que provocaron dolor
- Motivación por lo que le depara el presente y el futuro
- Anhelos de una vida plena
Sin embargo, hay un síntoma que no termina de avanzar y que dudo que alguna vez lo quiera superar; las ganas de dividirse para seguir disfrutando de todo lo bueno de su actualidad y de lo más importante que es lo que le espera en su casa de toda la vida.
Acciones a realizar; Reciba el alta y un grato saludo de parte de su médico de cabecera, la vida. Hasta que volvamos a vernos, ¡¡disfrute y ría todo lo que pueda!!
viernes, 4 de septiembre de 2009
La injusticia en forma de vida
No puedo evitar sentir que la vida es realmente injusta e imposible de comprender.
No hay prospecto que la defina ni manual de instrucciones al que aferrarse para intentar entender el por qué de ciertas situaciones. Y duele. Muchísimo.
La madre de mi “novia” (así éramos conocidos en la casa del otro los Tom Sawyer y Huckleberry Finn de San Francisco que llevamos juntos desde nuestros primeros alientos), alguien muy especial e increíble persona, me dijo una vez; “Lander, no hay nada en esta vida sin la salud. La salud es lo más importante. Ya puedes tener todo el dinero del mundo que como no tengas salud para poder disfrutarlo, te va a dar igual”. Cuánta razón en ese conjunto de palabras. Ella mejor que nadie sabía su significado.
Aquellas frases vuelven a mí tras conocer el estado de salud de una persona a la que conozco desde que tengo uso de razón y a la que quiero con locura. Vecinos de toda una vida, familiares no consanguíneos regidos por la ley del cuando quieras, lo que quieras.
Esa valerosa mujer (salvo raras excepciones, la palabra valor debería ir unida inexorablemente a la de mujer, y sobre todo si ésta es madre), a mediados de los noventa, superó una de las enfermedades más complejas y mortales que existen, no sin secuelas.
Matriarca ejemplar y amorosa persona, tuvo que enterrar a su padre tras padecer la misma afección a la que ella se había sobrepuesto, y tirar hacia delante de un hogar que tuvo que pasar por momentos muy duros, encontrando su más preciado apoyo en sus inmejorables hijos.
La vida parecía dar tregua una década después de aquel calvario que había mermado su salud pero fortalecido su espíritu. Pero hay gente que nace con estrella y otras, estrelladas y lo que parecía que se podía transformar en una rutina apacible, se quitó la careta para mostrar su lado más cruel.
Hace apenas 6 meses su marido comenzó a padecer trastornos estomacales siéndole detectado cáncer de colon con metástasis al hígado, que tras una “satisfactoria” operación le fue diagnosticado un tratamiento de quimioterapia por un tiempo aún por determinar.
A la par, los padecimientos de ella aumentaban sin una explicación aparente ante la dejadez de su médico de cabecera.
El esclarecimiento de sus síntomas llegó en una visita al hospital esta semana al agravarse su estado de salud.
Creo que hay gente que está preparada para aguantar muchísimo sufrimiento, desde luego que ella pertenece a ese grupo, pero lo que es inevitable es sentir miedo y desolación al volver a escuchar una palabra que ella consideraba vencida y desterrada; cáncer. De nuevo cáncer, de nuevo “algo” se cebaba con ella y con los suyos; la vida, Dios, la mala suerte o simplemente la probabilidad (cada uno pondrá el nombre y apellido que creé asignable a este sinsentido).
No sé que pensar, no sé que decirle a sus hijos, mis amigos. Siempre he sido una persona con bastante verborrea y sin embargo, ahora, mi mente no da más de sí. Me encuentro incrédulo, rabioso, enfadado con ese “algo”, abatido. Y si yo estoy así…da dolor de corazón intentar ponerse en el lugar de cada miembro de esa familia adorable que ni por lo más remoto se pudo imaginar una situación tan inabordable e inasumible como la que están viviendo.
Un déjá vu. De nuevo alguien muy cercano a mí vuelve a pasar un calvario indeseable hasta para el peor de nuestros enemigos. Aquella fortísima mujer que me explicó el sentido y el valor de la palabra salud, una madre inmejorable que se desvivió por sus hijos y los amigos de los mismos, una persona de la que uno está orgullosísimo de haberla conocido, tuvo que ceder ante el binomio de la fatalidad y la negligencia médica.
Ahora, de nuevo, toca luchar, toca volver a armarse con todo el arsenal que uno pueda y lanzarse a por todas, a por la vida. Tan sólo deseo que esta vez sí se cumplan los deseos, sueños y súplicas que un día realicé y que desgraciadamente no fueron complacidos. Pido a ese “algo” que por favor sea así.
No hay prospecto que la defina ni manual de instrucciones al que aferrarse para intentar entender el por qué de ciertas situaciones. Y duele. Muchísimo.
La madre de mi “novia” (así éramos conocidos en la casa del otro los Tom Sawyer y Huckleberry Finn de San Francisco que llevamos juntos desde nuestros primeros alientos), alguien muy especial e increíble persona, me dijo una vez; “Lander, no hay nada en esta vida sin la salud. La salud es lo más importante. Ya puedes tener todo el dinero del mundo que como no tengas salud para poder disfrutarlo, te va a dar igual”. Cuánta razón en ese conjunto de palabras. Ella mejor que nadie sabía su significado.
Aquellas frases vuelven a mí tras conocer el estado de salud de una persona a la que conozco desde que tengo uso de razón y a la que quiero con locura. Vecinos de toda una vida, familiares no consanguíneos regidos por la ley del cuando quieras, lo que quieras.
Esa valerosa mujer (salvo raras excepciones, la palabra valor debería ir unida inexorablemente a la de mujer, y sobre todo si ésta es madre), a mediados de los noventa, superó una de las enfermedades más complejas y mortales que existen, no sin secuelas.
Matriarca ejemplar y amorosa persona, tuvo que enterrar a su padre tras padecer la misma afección a la que ella se había sobrepuesto, y tirar hacia delante de un hogar que tuvo que pasar por momentos muy duros, encontrando su más preciado apoyo en sus inmejorables hijos.
La vida parecía dar tregua una década después de aquel calvario que había mermado su salud pero fortalecido su espíritu. Pero hay gente que nace con estrella y otras, estrelladas y lo que parecía que se podía transformar en una rutina apacible, se quitó la careta para mostrar su lado más cruel.
Hace apenas 6 meses su marido comenzó a padecer trastornos estomacales siéndole detectado cáncer de colon con metástasis al hígado, que tras una “satisfactoria” operación le fue diagnosticado un tratamiento de quimioterapia por un tiempo aún por determinar.
A la par, los padecimientos de ella aumentaban sin una explicación aparente ante la dejadez de su médico de cabecera.
El esclarecimiento de sus síntomas llegó en una visita al hospital esta semana al agravarse su estado de salud.
Creo que hay gente que está preparada para aguantar muchísimo sufrimiento, desde luego que ella pertenece a ese grupo, pero lo que es inevitable es sentir miedo y desolación al volver a escuchar una palabra que ella consideraba vencida y desterrada; cáncer. De nuevo cáncer, de nuevo “algo” se cebaba con ella y con los suyos; la vida, Dios, la mala suerte o simplemente la probabilidad (cada uno pondrá el nombre y apellido que creé asignable a este sinsentido).
No sé que pensar, no sé que decirle a sus hijos, mis amigos. Siempre he sido una persona con bastante verborrea y sin embargo, ahora, mi mente no da más de sí. Me encuentro incrédulo, rabioso, enfadado con ese “algo”, abatido. Y si yo estoy así…da dolor de corazón intentar ponerse en el lugar de cada miembro de esa familia adorable que ni por lo más remoto se pudo imaginar una situación tan inabordable e inasumible como la que están viviendo.
Un déjá vu. De nuevo alguien muy cercano a mí vuelve a pasar un calvario indeseable hasta para el peor de nuestros enemigos. Aquella fortísima mujer que me explicó el sentido y el valor de la palabra salud, una madre inmejorable que se desvivió por sus hijos y los amigos de los mismos, una persona de la que uno está orgullosísimo de haberla conocido, tuvo que ceder ante el binomio de la fatalidad y la negligencia médica.
Ahora, de nuevo, toca luchar, toca volver a armarse con todo el arsenal que uno pueda y lanzarse a por todas, a por la vida. Tan sólo deseo que esta vez sí se cumplan los deseos, sueños y súplicas que un día realicé y que desgraciadamente no fueron complacidos. Pido a ese “algo” que por favor sea así.
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